Bienvenidos a Teruel; Ciudad del Amor, capital mundial de la arquitectura Mudéjar y cuna de Dinosaurios

Si aún estáis buscando vuestro destino turístico, o ya habéis decidido disfrutar de Teruel, os proponemos unos días en los que podréis contemplar la mejor arquitectura mudéjar en las Torres y la techumbre de la Catedral, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, visitar el Mausoleo de los Amantes (Diego e Isabel, protagonistas de la más bella historia de amor jamás contada), que ningún enamorado debería perderse, y acercaros a Dinópolis para descubrir cómo era el mundo animal en Teruel hace 150 millones de años y ver a tamaño natural los dinosaurios que poblaban nuestra provincia.

Os invitamos a visitarnos y vivir una experiencia inolvidable saboreando nuestra rica y variada gastronomía, con el Jamón de Teruel como estrella.

Teruel es una ciudad seductora, fascinante museo de arte y arquitectura, espectáculo de colores y sabores, una ciudad viva y llena de sorpresas que os espera con los brazos abiertos.

En una muela próxima a la confluencia de los ríos Guadalaviar y Alfambra, se levanta la ciudad de Teruel por encima de los novecientos metros de altitud. Dentro de su recinto amurallado, el viajero puede descubrir una de las ciudades más hermosas de España. La ciudad conserva un centro histórico digno de un pausado recorrido.

La arteria principal de la ciudad, partiendo de la Ronda y a través del Tozal, cruza las plazas del Torico y de la Catedral y se extiende hacia el Óvalo, la Glorieta y los Viaductos. Es una zona con abundancia de comercios, oficinas y servicios de hostelería. No faltan maravillas de la arquitectura como el Museo Provincial, que fue la antigua casa de la histórica Comunidad de Teruel, la torre de El Salvador, edificios modernistas o la Escalinata neomudéjar. La fuente del Torico, lugar donde se fotografían los visitantes para tener testimonio de su visita está en la plaza de su nombre, en la que también se encuentran unos Aljibes subterráneos de la época medieval.

A la izquierda está la parte alta, la más antigua. En ella las calles se desparraman sin geometría definida y llenas de encanto. Es un placer pasear por ellas cuando el calor aprieta. Esta parte es rica en lugares de interés como San Pedro o el Mausoleo de los Amantes.

A la derecha se encuentra la parte llana de la ciudad. Sus calles son rectas y en forma de parrilla. Es rica en edificaciones de bella arquitectura como el Ayuntamiento, la Catedral, la torre de San Martín o el edificio de Correos.

Alrededor de la ciudad, la muralla. De sus viejas puertas aún podemos visitar el portal de Daroca, conocido como la Andaquilla, o el de San Miguel, también llamado de la Traición. De sus torreones hay que conocer los que se encuentran en la Ronda, como el de San Esteban, el de Ambeles, el más hermoso, el del Rincón, o el de la Lombardera, el de mayor altura. Mención especial para el torreón del Agua, recientemente restaurado. Por él llegó el agua a la ciudad a través del acueducto de los Arcos en el siglo XVI. Junto al puente de la Reina está el torreón de la Unión y, a no mucha distancia, el que defiende el portal de la Andaquilla. Entre unos y otros torreones se encuentran interesantes paños de la muralla, algunos pendientes de recuperar.

Fuera del centro histórico la ciudad posee lugares de interés histórico, cultural, paisajístico o de otra índole.

Restos arqueológicos anteriores a la fundación de Teruel se encuentran en el Alto Chacón, yacimiento ibérico próximo a la ciudad, o en las referencias a Tirwal, fortaleza musulmana que se asentaba en la parte alta de la población actual.

En 1171 llegan a las tierras de Teruel las tropas de Alfonso II de Aragón, que las ocupan y fundan la ciudad. Un hito tan importante está acompañado a la leyenda, según la cual la ciudad fue levantada sobre la muela en la que se encontró a un toro sobre el que brillaba una estrella. Verdad o mito ese toro es el símbolo de Teruel y de su escudo.

En los tiempos de la fundación, poblar en la Extremadura aragonesa no era tarea fácil. El lugar era frontera frente a la taifa musulmana de Valencia y avanzadilla para su conquista. En un territorio inseguro, como el turolense del siglo XII, no era fácil atraer a gentes dispuestas a instalarse y a defenderlo. La monarquía aragonesa tuvo que dotar a la villa de unos Fueros que otorgaban amplios privilegios a las gentes que en ella se asentaban y que la convertían en cabeza de una amplísima Comunidad de aldeas. En 1347, el rey Pedro IV de Aragón, conocido como el Ceremonioso, le otorgó el título de ciudad.

El periodo medieval fue de un gran desarrollo para Teruel, llegando a alcanzar la importante cifra de 6.000 habitantes, pero las grandes pestes de la Baja Edad Media, que de manera tan grave afectaron a los reinos peninsulares y al resto de Europa, supusieron para Teruel un periodo de declive económico y un importante retroceso de su población.

Cuando en 1483 se estableció el Tribunal de la Inquisición en los dominios aragoneses la ciudad de Teruel mostró una clara resistencia ante tal tribunal. En parte porque recortaba sus fueros, pero también porque la economía de la ciudad estaba en gran medida en manos de quienes más podían sufrir las consecuencias.

En el siglo XVI se produjeron fuertes tensiones en la ciudad porque las fuerzas locales se negaban a aceptar la reforma del fuero por Felipe II. Durante esta época hay un fortalecimiento de la iglesia turolense cuando se funda en 1577 el obispado de Teruel.

El siglo XIX fue rico en acontecimientos. Durante la Guerra de la Independencia la ciudad fue ocupada por las fuerzas francesas hasta 1813. En las guerras carlistas, la ciudad se alineó con el bando liberal y, en la tercera, sus murallas aguantaron el asedio al que fue sometida. Fue a finales de este siglo y principios del XX cuando como consecuencia de un cierto desarrollo de la burguesía local, la ciudad conoció un periodo de prosperidad económica. Fruto de este enriquecimiento es el rico patrimonio modernista que la ciudad posee.

Durante la Guerra Civil de 1936-39, Teruel fue escenario de una de sus batallas más sangrientas. Los acontecimiento bélicos, unidos a unas bajas temperaturas, dejaron cicatrices difíciles de curar en ambos bandos. Tras la guerra se iniciaron los trabajos de reconstrucción que modificaron parcialmente los espacios de su urbanismo. Tras la llegada de la democracia, la ciudad trata de incorporarse al crecimiento económico del país con el desarrollo de las comunicaciones. Sus problemas actuales son los comunes que tienen las tierras de la España interior.

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