MODERNISMO

A comienzos del siglo XX nuestro país vivió un periodo de auge económico y la ciudad de Teruel no fue una excepción. La burguesía, sobre todo mercantil, rivalizó entre sí construyendo edificios destinados a sus negocios o a sus viviendas. Un nuevo estilo de características muy definidas sería el predominante, el Modernismo.

En el Modernismo, los elementos estructurales y ornamentales se inspiran en motivos vegetales. Predominan las formas curvas. Reaparecen materiales como el ladrillo y los azulejos que habían caído en desuso. Recupera para su decoración los trabajos de forja artística. En este estilo, imaginativo y sugerente, lo decorativo y lo funcional se funden en perfecta asociación.

Pablo Monguió es el arquitecto por excelencia del modernismo turolense. Nacido en Tarragona en 1865, desarrolló una espléndida trayectoria en nuestra ciudad.

Las obras de Monguió en Teruel son numerosas. Unas están perfectamente documentadas, como la Casa Ferrán, La Madrileña o El Torico. Otras, debido a la falta de la documentación, se le atribuyen. Tal como ocurre con la Casa Escriche, la Casa Bayo o la Casita de la Farmacia. Otros trabajos de Pablo Monguió son las Escuelas del Arrabal o la iglesia del Salvador en Villaspesa. La puerta sur de la Catedral será su más bella aportación neomudéjar.

La Casa Ferrán debido a la estrechez de las calles carece de la perspectiva que sólo da la distancia. Se encuentra encajonada entre las angostas calles de El Salvador, el Pozo y la calle Nueva. Sin embargo, Monguió aprovechó su chaflán  para mostrar hacia el exterior la belleza que encierra. Esta construcción muestra como ninguna otra la madurez del modernismo turolense.

La fachada del edificio de La Madrileña es de una estrechez tan extrema que apenas permite una sola estancia. Será en la parte superior de la fachada donde mostraría la exuberancia del modernismo en espacio tan limitado.

El edificio de Tejidos El Torico, en la actualidad se encuentra restaurado y ocupado por la Caja Rural. Su construcción a dos fachadas permitió a su autor un alto grado de expresividad, sobre todo en la que da hacia la plaza, con una decoración diferenciada en cada una de sus plantas. El ángulo que forma la doble fachada está rematado por un pequeño torreón que se puede considerar auténtica joya del modernismo turolense.

Son también de gran interés, además de los citados, una serie de edificios del primer tercio del siglo XX, unos modernistas, otros historicistas, otros neomudéjares y otros con mezcla de estas inspiraciones, pero todos ellos representativos de una época.

ARTE MUDÉJAR

A medida que los reinos cristianos medievales avanzaban en los territorios peninsulares ocupados anteriormente por el Islam, muchos de los pobladores musulmanes permanecieron viviendo en el territorio conquistado. A estos musulmanes se les conoce por el nombre de mudéjares.

Organizados en comunidades llamadas aljamas o morerías se les permitía seguir practicando su religión, tenían cierto grado de autogobierno y solían ocuparse en gran medida en las tareas agrícolas y en el oficio de la construcción. Ellos fueron los creadores de un estilo peculiar de arquitectura que se desarrolló en los diferentes reinos de la España medieval y que se conoce con el nombre de mudéjar.

El mudéjar es una simbiosis del románico y gótico propios de Occidente y de los elementos decorativos más característicos de la arquitectura musulmana. Así, en las construcciones mudéjares podemos observar elementos como el arco de medio punto o el ojival propios de la cultura cristiana junto con el uso de las filigranas decorativas a base del ladrillo, material de construcción mudéjar por excelencia y con motivos de cerámica vidriada. Todo ello, junto con la utilización de la madera en las techumbres, son los elementos más representativos de la arquitectura musulmana. Este estilo arquitectónico, en el que lo decorativo se superpone en perfecta armonía con lo meramente constructivo, solamente se dio en la península Ibérica, que fue el lugar en el que convivieron durante varios siglos ambas culturas.

La ciudad de Teruel es un ejemplo de los más representativos que se pueden encontrar del arte mudéjar aragonés y español. Tal es así, que el mudéjar turolense fue reconocido en 1986 por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Cualquier visitante que guste de lo bello disfrutará sin duda contemplado estas maravillas.

Las torres más antiguas, San Pedro y la Catedral,  son de mediados del siglo XIII. De similar tamaño, su decoración es sobria en comparación con las que se levantaron posteriormente y tiene una clara influencia románica. El exterior del ábside de San Pedro posee una gran belleza y está rematado por unos pequeños y esbeltos torreones. De la Catedral, declarada Monumento Nacional desde 1931, el elemento de construcción más significativo es su techumbre de madera con unas valiosas pinturas.

Ya en el siglo XIV, se levantaron las torres de El Salvador y San Martín. A su construcción se le adjudica una hermosa y trágica leyenda de amor que cualquier turolense sabe contar. Ambas son de mayor tamaño que las anteriores y poseen una exuberante riqueza decorativa. En ellas aparecen ya con claridad los rasgos góticos.

En época renacentista, sobre el crucero de la Catedral se levantará un hermoso cimborrio mudéjar de gran esbeltez. De la misma época es la torre de la Merced en el arrabal turolense. Tal importancia tuvo para la ciudad el mudéjar que, cuando a comienzos del siglo XX surgió el modernismo, esté se inspirará en él en gran medida dando lugar a lo que se conoce como neomudéjar.

TERUEL MEDIEVAL

La ciudad de Teruel conserva prácticamente intacta su estructura medieval, en cuanto a su diseño de urbanismo se refiere.

Iniciemos su recorrido en la plaza de la Catedral, situándonos en la puerta del Ayuntamiento. Inconfundible la silueta mudéjar de la antigua parroquia de Santa María de Mediavilla. Su torre mudéjar mezcla con gusto sencillo los elementos románicos y góticos cristianos con el ladrillo y la decoración islámica. En el interior de la Catedral la joya más valorada es su techumbre de madera con unas pinturas que muestran a los personajes y los oficios del Teruel medieval.

Bajando por la calle de San Miguel tomaremos  contacto con la muralla. El portal de la Traición, nombre que recibe por la historia popular sobre la entrada de las tropas castellanas en la guerra del siglo XIV entre Castilla y Aragón. En su entorno se conservan importantes tramos de muralla, uno de ellos ha sido recientemente restaurado. A la izquierda, junto al puente de la Reina, podemos ver el torreón de la Unión sobre una escarpada ladera. Si retornamos a los Arcos y continuamos por las rondas podremos contemplar partes muy significativas de la muralla.

Esta parte era la más problemática de defender por tener una orografía más plana. De planta poligonal, el torreón de la Lombardera es el más alto. A continuación, el Torreón del Rincón algo escondido tras las construcciones y algo más adelante se encuentra la entrada del Tozal, lugar donde estuvo el portal de Zaragoza. Frente a este tramo se halla el Arrabal, que estuvo amurallado y en el que todavía puede verse alguna casa de traza morisca.

Siguiendo el recorrido por la ronda, el Torreón de Ambeles es la fortificación más relevante y de más hermoso diseño que se conserva de la vieja muralla. De planta estrellada su construcción data de finales del siglo XV. Un poco más adelante puede verse el Torreón de San Esteban. Pero volvamos sobre nuestros pasos y entremos de nuevo al interior de la ciudad a través de la plaza de Domingo Gascón.

En la calle del Tozal se inicia el eje principal que, atravesando la vieja plaza del Mercado, llegaba por la calle de El Salvador hasta el Portal del Guadalaviar. Gran parte de la actividad mercantil se desarrollaba en este trazado. Como monumento más representativo de la época en este recorrido está la Torre mudéjar de El Salvador que se puede visitar.

Si bajando por la Plaza del Torico, tomamos a su izquierda la calle Hartzembusch podemos subir a la parte más alta de la ciudad. Al terminar las escaleras nos encontraremos con la iglesia de San Pedro. De bella factura, cuenta con un ábside de bella decoración exterior y una torre mudéjar muy representativa de la primera época de la ciudad. Adosado está el Mausoleo de los Amantes y todo ello es un conjunto que puede ser visitado. Más arriba se encuentran el barrio de la antigua judería y el lugar en el que se asentaba el viejo Alcázar.

Retornado al Ayuntamiento, punto en el que hemos comenzado el recorrido y siguiendo la calle Yagüe de Salas dejaremos a nuestra izquierda un par de conventos de clausura y la plaza de las Monjas en la que se conserva la casa en la que residía el rey cuando visitaba la ciudad. En su fachada aún se conserva el escudo real. Algo más adelante, en la plaza del Seminario, otra joya del mudéjar como es la estilizada Torre de San Martín y un poco más abajo el portal de Daroca o de la Andaquilla. En su entorno, la antigua morería. Ya extramuros, se divisa la Iglesia gótica de los Franciscanos.

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